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Contaminación en los colegios: ¿cómo se puede prevenir?

Publicado en 26 marzo, 2019

Envira,

Pocos temas ocasionan tantos quebraderos de cabeza en padres y madres como la salud de sus hijos o hijas. Pero, si preocupa lo que comen, lo que beben o los materiales con los que se fabrican sus juguetes, ¿por qué la contaminación en los colegios a la que se exponen los niños no despierta la misma inquietud?

Mantener una calidad del aire saludable que no afecte a su salud no resulta tan difícil. Así, desarrollar acciones vinculadas a la sensibilización ambiental de los progenitores, el personal del centro educativo y los propios escolares, elegir productos de limpieza adecuados, asegurarse de que la ventilación es adecuada, cuidar los materiales de construcción, equipar las aulas con mobiliario adecuado o monitorizar la calidad del aire con dispositivos como Nanoenvi IAQ de ENVIRA son medidas que todos los colegios deberían valorar.

¿Cómo es la calidad del aire en las aulas y en qué medida afecta al desarrollo de los escolares?

La población infantil es uno de los grupos más susceptibles a la contaminación del aire. Su menor estatura, fisiología y nivel de actividad conlleva que la velocidad de respiración sea mayor que el de una persona adulta, a lo que hay que añadir que sus sistemas inmunológicos o respiratorios aún están en fase de desarrollo, aspecto que reduce sus capacidades defensivas (Oliveira, Slezakova, Delerue-Matos, Pereira & Morais, 2019; Rivas, Querol, Wright & Sunyer, 2018).

Además y según argumentan Baron Niño, Castaño Barrantes & Osorio Jiménez (2017), «los primeros años de vida son vitales para el desarrollo psicomotor del menor ya que […] durante esta etapa se produce el mayor número de conexiones cerebrales, fundamentales para la adquisición de habilidades y capacidades».

Estas particularidades fisiológicas adquieren, sin duda, una especial relevancia cuando se tiene en cuenta que la escuela es, después del hogar, el lugar en el que más horas pasa un niño o niña cada día y que la mayor parte de ese tiempo discurre en espacios interiores.

¿Qué emisiones contribuyen a reducir la calidad del aire en el interior de un centro escolar?

La calidad del aire interior en un aula no dista mucho de las condiciones ambientales en un hogar o las emisiones habituales en una oficina, estancias ya tratadas en el presente blog. Pero la mayor indefensión de sus ocupantes obliga a repasar algunas de las emisiones más habituales y que mayor riesgo entrañan. Su monitorización mediante sensores inalámbricos dispuestos en red es una eficaz medida para asegurar unas condiciones en interiores saludables. Estos dispositivos, que ENVIRA instala, configura y pone en funcionamiento, transmiten los datos a un centro de control que genera alertas y notificaciones en caso de alcanzarse los valores límite.

Partículas en suspensión

Las partículas en suspensión con diámetros inferiores a 10 micras (PM10) y 2,5 micras (PM2.5), a las que también se pueden añadir las partículas ultrafinas inferiores a 0,1 micras (PMp0.1) son sustancias que pueden generar un grave riesgo para la salud humana. Estos agentes, como demuestran Oliveira, Slezakova, Delerue-Matos, Pereira & Morais (2019), pueden estar presentes en el interior de las aulas con promedios que superan las recomendaciones de la OMS.

Su peligro está directamente relacionado con su reducido tamaño, que posibilita que lleguen a lo más profundo del organismo, pudiendo generar estrés oxidativo e inflamación de las vías respiratorias, efectos que pueden degenerar en el desarrollo de dolencias tales como el asma(1) y otras enfermedades del sistema cardiopulmonar, pudiendo afectar también, en el caso de la población infantil, al desarrollo cognitivo (Basagaña et al., 2016).

Además, la respiración bucal en detrimento de la respiración nasal, algo habitual en niños y niñas, facilita la entrada de estos contaminantes en el organismo ya que no se hace uso de los mecanismos de defensa (el vello en el interior de las fosas nasales) que retienen parte de las partículas en suspensión.

Con respecto a las principales fuentes de emisión, Amato et al. (2014) afirma que, «en promedio, el 47% de las concentraciones medidas de PM2.5 en interiores se generaron en interiores debido a la resuspensión continua de las partículas del suelo (13%) y a una fuente mixta (34%) compuesta por partículas orgánicas (partículas de piel, fibras de la ropa, posible condensación de COV) y partículas ricas en calcio (de yeso y deterioro del edificio)», correspondiendo el 53 % restante a fuentes del exterior en la que se incluyen, por ejemplo, las áreas de juego no pavimentadas o las máquinas fotocopiadoras.

Dióxido de carbono

El dióxido de carbono es otro factor que contribuye a reducir la calidad del aire en el interior de un aula. Su concentración, junto con la medición de la temperatura y la humedad relativa, suele emplearse como indicador de las condiciones del aire interior y sirve para advertir de la necesidad de ventilación. De ahí que su monitorización en continuo sea una solución recomendada tanto por la publicación Guidelines for healthy environments within European schools (Kephalopoulos, Csobod, Bruinen de Bruin & de Oliveira Fernandes, 2014), que recoge los resultados del proyecto europeo Sinphonie, como por la American Society for Testing and Materials – ASTM International(2).

Una exposición prolongada a concentraciones de CO2 elevadas (más de 1000 ppm) puede generar diversos problemas tales como irritación de los ojos y las vías respiratorias, dolores de cabeza, mareos, pérdida de coordinación, náuseas, trastornos visuales y reacciones alérgicas, incluyendo asma y rinitis (Asere & Blumberga, 2018). Y como se demostró en el estudio de los citados autores, estas concentraciones se superan de forma habitual en las aulas, de ahí que el proyecto Sinphonie aconseje la instalación de alarmas en las aulas que avisen cuando la concentración sea superior a 700 ppm.

En cuanto a su generación, la principal fuente es la propia respiración de las personas, aunque también pueden contribuir a una mayor o menor concentración los sistemas de calefacción, por ejemplo.

Compuestos orgánicos volátiles (COV)

Los compuestos orgánicos volátiles o COV son sustancias químicas de origen orgánico entre las que se pueden encontrar, por ejemplo, el benceno o el tetracloroetileno, compuestos reconocidos como carcinógenos por la e International Agency for Research on Cancer (IARC).

Sus principales fuentes de emisión en un ámbito escolar son los productos de limpieza, los materiales utilizados en las actividades artesanales (pegamento, por ejemplo), el mobiliario o los materiales de construcción.

En relación con la salud, una exposición prolongada a concentraciones elevadas puede afectar al hígado, los riñones o el sistema nervioso central. No obstante, estos compuestos también pueden ocasionar efectos a corto plazo tales como irritación ocular, mareo, náuseas, etc.

Numerosos estudios demuestran, en definitiva, el perjudicial impacto que una mala calidad del aire interior tiene sobre la población infantil. Y conjugar verbos tales como conocer, involucrar, enseñar y monitorizar debería ser una acción a tener en cuenta en todos los centros escolares con el fin de desarrollar medidas orientadas a minimizar las consecuencias.

Referencias:

  • (1) La SEICAP advierte de que la contaminación aumenta los casos de asma infantil | SEICAP – Profesionales. (2019). http://www.seicap.es/es/la-seicap-advierte-de-que-la-contaminaci%C3%B3n-aumenta-los-casos-de-asma-infantil_61551
  • (2) ASTM D6245 – 18 (2018) Standard Guide for Using Indoor Carbon Dioxide Concentrations to Evaluate Indoor Air Quality and Ventilation. https://www.astm.org/Standards/D6245.htm
  • Amato, F., Rivas, I., Viana, M., Moreno, T., Bouso, L., & Reche, C. et al. (2014). Sources of indoor and outdoor PM2.5 concentrations in primary schools. Science Of The Total Environment, 490, 757-765. doi:http://doi.org/c3p3
  • Asere, L., & Blumberga, A. (2018). Energy efficiency – indoor air quality dilemma in public buildings. Energy Procedia, 147, 445-451. doi:http://doi.org/c3gf
  • Baron Niño, O., Castaño Barrantes, D., & Osorio Jiménez, Y. (2017). Efecto de la contaminación ambiental por material particulado PM2,5 en el desarrollo psicomotor en niños menores de cinco años en dos jardines infantiles en Bogotá en el año 2017. Universidad de Ciencias Aplicadas y Ambientales U.D.C.A. Facultad de Ciencias de la Salud. https://repository.udca.edu.co/handle/11158/796
  • Basagaña, X., Esnaola, M., Rivas, I., Amato, F., Alvarez-Pedrerol, M., & Forns, J. et al. (2016). Neurodevelopmental Deceleration by Urban Fine Particles from Different Emission Sources: A Longitudinal Observational Study. Environmental Health Perspectives, 124(10), 1630-1636. doi:http://doi.org/f85hs2
  • Kephalopoulos, S., Csobod, E., Bruinen de Bruin, Y., & de Oliveira Fernandes, E. (2014). Guidelines for healthy environments within European schools. http://publications.jrc.ec.europa.eu/repository/handle/JRC87071
  • Oliveira, M., Slezakova, K., Delerue-Matos, C., Pereira, M., & Morais, S. (2019). Children environmental exposure to particulate matter and polycyclic aromatic hydrocarbons and biomonitoring in school environments: A review on indoor and outdoor exposure levels, major sources and health impacts. Environment International, 124, 180-204. doi:http://doi.org/c3p2
  • Rivas, I., Querol, X., Wright, J., & Sunyer, J. (2018). How to protect school children from the neurodevelopmental harms of air pollution by interventions in the school environment in the urban context. Environment International, 121, 199-206. doi:http://doi.org/gfncj8

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